La Versión Peruana del Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología

¿Por qué necesitamos una Versión Peruana del Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología?

¿Cómo sería una Versión Peruana del Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología?

En Lima y lo largo y ancho del Perú contamos con muchas de las Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología que exhibe el Deutsches Museum, cuyo nombre completo es Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología.


Restaurarlas y trasladarlas desde donde se encuentren para reunirlas bajo un mismo techo, en un edificio de una escala faraónica, donde podamos visitarlas en un solo día, no es imposible: muchos países lo hacen. 


Muy probablemente así sucedió con el propio Deutsches Museum, incluso si son varias las ciudades de Alemania que cuentan con Museos en los que se exhiben artefactos que ciertamente merecen ser reconocidos como Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología, aunque se llamen Museos de Ciencias, Tecnologías, Industrias, Aeronáutica, etc.

Algunos peruanos que han tenido la oportunidad de conocer esos Museos en Alemania, otros países europeos y de los demás continentes, sueñan con replicar el modelo en Lima.

Conscientes de que privilegiar a la capital sobre el resto del país sería una inversión regresiva, proponen que en algunas regiones más (6 para el Acuerdo Nacional de 2002, “todas” se permitió prometer en 2009 el Presidente de CONCYTEC) también se construyan Museos dedicados al mismo tema.

Un Museo de Ciencia y Tecnología comparable a los que ya existen en LatinoAmérica cuesta entre 10 y 30 millones de dólares, y debería tener de 5,000 a 10,000 m2. 


Cambiarle de uso a algún gran edificio ya construido sería mucho más rápido que el proceso normal de elaborar los respectivos proyectos y conseguir la financiación; pero el resultado tampoco es instantáneo, y las nuevas generaciones de peruanos no estarían visitando un Museo de Ciencia y Tecnología en su propio país durante muchísimos años más.

Éste es un lujo que no nos podemos permitir.

La Versión Peruana del Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología puede comenzar a cumplir su función desde mañana.

En el Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología de Munich, un joven puede pararse delante de un artefacto tan innovador como el monoplano Blériot XI de 1910, el biplano Stearman PT-17 de 1930, el automóvil Ford T, la locomotora de vapor “999”, etc. 

En la Tienda de Regalos podrá adquirir una gran variedad de recursos que le permitirán conocer con mayor profundidad el artefacto que cautivó su atención en esta visita; en la próxima, conectará con algún otro artefacto, y también podrá aprender más sobre la tecnología del vuelo, de la máquina de vapor, del submarino, etc.



En el Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología un joven limeño también puede experimentar la fascinación y sentir la curiosidad por aprender más sobre cuán innovador fue en su momento el artefacto delante del cual está parado: qué problemas resolvieron mejor que sus competidores el monoplano Blériot XI de 1910, el biplano Stearman PT-17 de 1930, el automóvil Ford T, la locomotora de vapor “999”, etc.

La gran diferencia con el Museo Alemán de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología es que las Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología del Museo Peruano dedicado a éstas no están alojadas unas al lado de las otras en ningún imponente edificio de escala faraónica que cumpliera con los estándares internacionales para merecer ser reconocido como “Museo”. Están en una gran variedad de lugares, unos más públicos que otros: cada Obra Maestra de la Ciencia y la Tecnología que podemos visitar en Lima -pidiendo una cita, si es necesario- es una “sala” del Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología.

La “siguiente” sala no es contigua, y no podemos pasar del monoplano Blériot XI de 1910 al biplano Stearman PT-17 de 1930 simplemente caminando, teniéndolos uno al lado del otro para poder compararlos, identificando qué avances representa un artefacto respecto del anterior. Pero esta aparente desventaja encierra un beneficio muy grande. Creer que conocemos la Historia de la Aviación porque hemos echado un vistazo rápido a los 2 ó 3 ejemplares más representativos de cada década sería como creer que hemos leído un libro porque hemos revisado el índice. 

Cada artefacto exhibido es como el afiche de las películas disponibles en una plataforma de streaming como Netflix: no podríamos contar ninguna película en particular sólo porque pudimos ver los afiches de ésta en su catálogo.

El Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología tiene las Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología, que es a fin de cuentas lo más importante: lo que el Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología no tiene es el Museo, que, como vemos, no es imprescindible para estar parados delante de una Obra Maestra de la Ciencia y la Tecnología, sentir curiosidad por cómo funciona, y ponernos a investigar más sobre esa tecnología en particular. Como resultado de cada visita, enriquecemos nuestro know how.

El Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología que no tiene más sede que los lugares públicos -unos más que otros- que ya las vienen alojando -unas mejor conservadas que otras- tampoco tiene una Tienda de Regalos en la que podamos adquirir libros, videos, modelos a escala, etc., de cada una de estas Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología. 

Pero desde que existe internet están disponibles gratuitamente una gran variedad de contenidos en línea que nos permitirían aprender tanto como nos interese sobre cada una de las Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología que se “exhiben” en lugares públicos de nuestra propia ciudad delante de las que podemos pararnos, maravillados; o, incluso, de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología que se “exhiben” en lugares públicos de otras ciudades -unas más cercanas, otras más distantes- que eventualmente podríamos visitar.
El Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología tiene la incomparable ventaja de que está en todas las regiones al mismo tiempo. La Gran Sala del Transporte no se hizo en la capital luego de remolcar a la ciudad de Lima las locomotoras, aviones, helicópteros, bolicheras, submarinos y demás que estaban dispersos a lo largo y ancho del Perú. Solo desde una mentalidad colonial sería justificable esta costosísima operación logística para que la capital despoje a cada región de los activos de los que ya dispone.

Un joven limeño puede pararse delante de artefactos tan notables como un monoplano Blériot XI de 1910, un biplano Stearman PT-17 de 1930, un automóvil Ford T, una locomotora de vapor “999”, si puede viajar a Munich, Alemania, pero también si puede llegar al Callao, a Miraflores, al Centro de Lima, etc.

Un joven arequipeño puede pararse delante de un Super Sabre F-86 si viaja a Estados Unidos, Europa o Asia, y visita alguno de los muchos museos en los que se exhibe un ejemplar de este avión caza; pero también puede hacerlo en el Parque del Avión de Umacollo. 


Si googlea “Super Sabre F-86” descubrirá que en el Museo de la US Air Force en la base Wright-Patterson cerca de Dayton,Ohio es donde más didácticamente se expone; que hay comics sobre sus hazañas en el marco de la Guerra Fría; que puede armar lindos modelos a escala de cartulina, de plástico, y hasta radiocontrolados; que puede construir modelos en 3d.





Un joven tacneño puede pararse delante de una locomotora antigua en el formidable Museo Ferroviario de Santiago de Chile, que si exhibe una muy completa colección es porque, precisamente, ha reunido en un mismo espacio las locomotoras que estaban dispersas a lo largo y ancho del territorio chileno. (Ciertamente, Chile está a un paso de Tacna, pero Santiago de Chile está a 2,092 km; y Lima a “solo” 1,235 km.) 
Su curiosidad por comprender la tecnología que ha hecho posible el transporte ferroviario de millones de personas y toneladas en todo el mundo también podría despertarse visitando el Parque de la Locomotora en su propia ciudad: Tacna. 
Lamentablemente, no porque el Ministerio de Cultura mencione en la resolución que la declara Patrimonio Cultural de la Nación por su “valor tecnológico” o que “es una muestra de los avances tecnológicos que tuvo el Perú en esos años” ha hecho el Ministerio de Cultura o su Dirección General de Museos el más mínimo esfuerzo por hacer evidente este valor tecnológico para quienes la visiten allí donde está. 

Ese pequeño pasito es el que nos falta dar, y nuestro Ministerio de Cultura y su Dirección General de Museos no lo dan porque en el Perú “Cultura” y Tecnología no tienen nada que ver entre sí. 

CONCYTEC tampoco aprovecha el Parque de la Locomotora de Tacna para atraer el interés de las nuevas generaciones de tacneños porque está esperando que se le conceda el presupuesto para la construcción del gran Museo Nacional de Ciencia y Tecnología del Perú en Lima para conseguir el presupuesto para el traslado a Lima de la Locomotora que decora el Parque de la Locomotora de Tacna; por otro lado, aunque quisiera, CONCYTEC tampoco sabría cómo potenciar el valor educativo de una locomotora o un avión en un parque o algún otro lugar público del Perú.

No es tan difícil. Y ni siquiera cuesta.

El Museo Peruano de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología no necesita ser más que la lista de Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología que se pueden visitar en lugares públicos del Perú, y, previa cita, de aquellos que no son tan públicos pero sí estarían dispuestos a recibir visitantes, e, incluso, a darles visitas guiadas por algún experto in-house.

Es más: Obras Maestras de la Ciencia y la Tecnología tenemos todos en nuestros hogares. Una máquina de coser Singer, un televisor Sony Trinitron, una computadora Spectrum, un Pontiac Fiero, etc. son posesiones valiosas que muchos atesoramos aunque ya no funcionen: su mejor destino sería ciertamente exhibirse como parte de la colección de nuestro Museo Regional de Ciencia y Tecnología, pero, como hemos discutido aquí, éste no es un requisito imprescindible para que cada artefacto nos revele sus secretos, ese “valor tecnológico” al que alude el Ministerio de Cultura.

La experiencia internacional sugiere que es muy probable que uno de cada 3 niños y jóvenes peruanos respondería a la invitación de algún carismático “tecnologista” a hacerle la ingeniería reversa a los artefactos que encuentre en su entorno, acumulando progresivamente el know how que desarrollaron los países industrializados, que, no está de más mencionarlo, son ricos justamente como producto de ese know how. Esa parte de nuestra población es la única que podría industrializar al Perú y sacarlo de la pobreza y el subdesarrollo, pero tan brillante prospecto muy difícilmente podría hacerse realidad si no estimulamos estas aptitudes características en una masa crítica de las nuevas generaciones.

La tendencia a hacerle la autopsia a los artefactos que nos rodean es natural, porque un niño o niña vislumbra que el bracito de su oso o muñeca no están unidos al cuerpo como su propio brazo, y quiere comprender qué mecanismo lo permite. El resultado de esa sana curiosidad es un oso o muñeca que habrá que tirar a la basura porque nadie sabe cómo reinstalar el bendito bracito. La reacción de los padres, poco felices de que el dinero que gastaron en comprarlo se haya evaporado, muy probablemente invite a ese niño o niña va renunciar a esa sana curiosidad que le es natural. Tendríamos un mejor país si son muchos niños y niñas los que desarman sus osos, muñecas, autitos, bicicletas, licuadoras, teléfonos, máquinas de coser, televisores, etc. Cuando intenten armarlos, les sobrarán algunos tornillos, como bien recuerda Ed Málaga-Trillo. 

A esos niños y niñas habría que entregarles juegos de construcción: LEGO, MECCANO, etc.




Llevarlos a la versión local del Modelódromo de Ibirapuera en el Parque Bicentenario de su región, 

en el que se reunieron a la intemperie o, mejor, debajo de una carpa como en el Museo Catavento (en Sao Paulo, como el Modelódromo de Ibirapuera) 


los aviones, locomotoras y otras máquinas que ya estaban en el área, para que aprendan a construir modelos a escala de autos, ferrocarriles, barcos, aviones. La mirada sobre esos vehículos y los demás artefactos ha cambiado por completo: ya no son solo cosas que compramos y usamos, sino cosas que sabemos hacer...y podemos vender.

Fabricarlos para venderle al mundo.

Que es exactamente lo que hacen los países desarrollados.






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